El fascinante viaje de Ana a Japón

Hay un momento clave, quizás el más difícil en la ruta que terminará llevando a Ana Delgado a Japón. Ocurre cuando la alumna de séptimo E se ubica sola frente al computador en una entrevista en línea y al otro lado se encuentra un representante del Museo Interactivo Mirador (MIM) y uno de ProChile. Ana está tan nerviosa al principio que se siente paralizada, pero en un pestañeo saca la voz con plenitud, cuenta qué la motiva para representar a Chile en la ciudad de Osaka, y alcanza el vuelo y la elocuencia para convencer a la audiencia de sus méritos.

“Estaba muy nerviosa en la entrevista, porque no pensé en que iba a quedar. Estuve como en shock, pero después me tranquilicé, y a lo largo de los 15 minutos que duró me fui soltando”, recuerda.

Luego de eso, la alumna de The English Institute se transformó en una de las siete personas seleccionadas para representar a nuestro país en la Expo Osaka 2025, el pasado mes de julio. Tras un largo proceso, fue la encargada de crear el discurso en el pabellón de Chile, donde explicó el trabajo que había realizado junto a su equipo para representar la cultura nacional.

Era lo que planteaba un aviso en Instagram del MIM, en abril: participar en “El taller del juego-Asobikobo”, un proyecto cuyo objetivo será imaginar colectivamente un futuro brillante para la humanidad y que debía ser presentado en Japón. Lo vieron algunas amigas de Ana y juntas idearon sus postulaciones. Parecía improbable, pero resultó tan fluido como la imborrable aventura que terminó viviendo a sus 13 años.

–¿Qué idea tenías de Japón antes de imaginar este viaje?

–Siempre me gustó la idea de viajar, especialmente a países lejanos. Japón tiene cosas muy lindas. Además del animé, que antes me gustaba mucho, está su cultura, la comida, los templos y su belleza.

–¿Por qué crees que te seleccionaron?

–De lo que me han contado, fue por mi manera de pensar sobre el tema y también por lo que escribía, porque había que dar un discurso allá y yo fui la elegida. La primera etapa de postulación era mandar un video en inglés. Y ahí me fue bien. En escritura debía explicar qué podía aportar al proyecto. Y ahí llegó la entrevista. Me avisaron el 30 de mayo que había sido seleccionada y me fui el 16 de julio.

–¿Cómo era el grupo que te acompañaba?

–Éramos 7 en total, acompañados por 4 monitores. Hicimos hartos juegos que mostraban nuestra cultura, con una bandera de Chile modificada, por ejemplo, con collage, y fuimos llenando una bitácora con nuestro trabajo para mostrar cosas de Chile a los estudiantes japoneses con quienes interactuamos en Osaka. Era un grupo de entre 13 y 16 años, con gente de otros colegios de Santiago.

Un viaje a otro planeta

Ana había viajado a lo más dos horas en avión, pero esta vez tenía una ruta que demoraba 40 horas. Pasó por Auckland, Sydney y Hong Kong hasta que apareció en el aeropuerto de Osaka.

“Salí del aeropuerto y me quedé así, impactada. Había muchas cosas diferentes. Había mucho calor. Y me llamó la atención la pigmentación de las cosas. El cielo era muy azul y las plantas muy verdes, con mucho brillo, con colores muy intensos”.

–¿Cómo se instalaron?

–Nos quedamos en una casa de tres pisos. Vivíamos ahí 12 personas por una semana. Entonces conocimos a 12 niños japoneses del taller de inglés de su colegio Osaka International High School, con quienes nos tocó compartir experiencias culturales de cada país.

–¿Cómo fue el momento de presentar su trabajo en la Expo?

–Estaba muy nerviosa. Me tocaba hacer el discurso. Era un lugar grande, con pabellones de distintos países. Chile tenía el suyo y era un espacio cubierto por un telar gigante, tejido con motivos mapuches.

–¿Qué pusiste en el discurso?

–Lo más especial fue que en todo este tiempo nos habíamos vuelto como una familia, porque estuvimos tanto tiempo juntos. Todos podíamos decir las cosas que pensábamos y nos sentíamos con confianza.

–Te habrán tocado muchas anécdotas

–Claro. Como no sé japonés, ni sabía leer en el idioma, veía cosas que me gustaban y las compraba. Una vez estábamos en una farmacia y vi algo que se tomaba y pensé que era jugo en bolsa. Me la tomé toda y era pasta de dientes. Mis compañeras tomaron también y nos dimos cuenta tarde.

–¿Cuál es tu reflexión ahora?

–Para mí fue una experiencia maravillosa, que me hizo darme cuenta de lo distinto y de lo iguales a la vez que éramos con otras personas. Con los japoneses teníamos los mismos chistes, pero la barrera evidente era el idioma. También éramos distintos en la cultura, porque se sacaban los zapatos al entrar a una casa, tenían la costumbre de tomar té matcha. Lo hacían de manera especial, porque lo daban dos veces vuelta y lo sorbían dos veces. También vi a mucha gente tapada por el sol y mucha gente con mascarillas. Otra cosa impresionante fue cuando el cónsul nos invitó a su casa museo y allí hicimos cosas tradicionales, como la ceremonia del té, arreglos florales, y también nos vestimos tradicionalmente, con yukatas.

–¿Qué te decían en el colegio?

–Perdí el Instagram justo antes de ir a Japón, pero mis amigas me preguntaban cómo me estaba yendo. Y la misma miss María Eugenia Fernández era la que más se preocupó y me preguntaba, antes y después. Por eso estoy tan agradecida de ella. Mis compañeros me recibieron muy bien al llegar. Me tenían una convivencia y me hicieron contar todos los detalles de esta historia, que fue algo increíble para mí.

Bienvenido a Qatar

La historia de Benjamín Aceitón cuenta con abundantes episodios para explicar cómo un chileno se convierte en jefe de análisis de las divisiones juveniles del Oxford United, de la Championship de Inglaterra, y luego firma un contrato todavía mejor en el Al Arabi, uno de los clubes más importantes de Qatar.

Instalado desde hace unas semanas en un departamento con vista al mar, en Doha, el ex alumno de The English Institute repasa el camino que lo llevó a cumplir un sueño improbable tras egresar en 2013.

Pasión, disciplina y el dominio del inglés forman una cadena que en rigor se inició muy temprano, cuando entró al TEI, en el año 2000.

“Entré a prekínder. Me entrevistó Claudia Melo, como me lo hacía saber siempre mi mamá. Y hasta que estaba en cuarto medio Miss Claudia siempre me saludaba con cariño. Estudié Educación Física completamente influenciado por Nicolás Paraud y Jorge Moya. Fui capitán de la selección de fútbol desde cuarto básico a cuarto medio. El fútbol es lo que más me apasiona la vida. Obviamente a Nicolas lo elegí para que me graduara. Me sacó de mis problemas de tolerancia a la frustración, porque yo creo que soy el jugador más expulsado de la historia, lejos. Me echaron más de 30 veces. Me importaba demasiado y el Nico hablaba con mi mamá y así me fueron formando”.

Un plan a largo plazo

Como no era jugador profesional, Benjamín diseñó una ruta especial para entrar a la industria del fútbol. A parte de estudiar Educación Física en la Universidad Mayor, trabajó incansablemente para ahorrar y así poder especializarse en Inglaterra o España.

“Trabajaba los 7 días de la semana mientras estaba en la universidad. Serví bebidas en los conciertos en el Estadio Nacional, después en empresas banqueteras, fui personal training. Y en segundo año, eso sí, fui a sacar la licencia de Entrenador Uno a Manchester por dos meses”.

Trabajó en la Ciudad Deportiva de Iván Zamorano, después se integró en la cantera de Universidad de Chile y finalmente entró como ayudante técnico en el equipo femenino de Audax Italiano. Así, a los 24 fue aceptado en la Universidad de Southampton, en Inglaterra, y ahí empezó la segunda etapa de plan.

Una oportunidad

–¿En Southamptom empieza a ser real tu sueño?

–Partí de cero, pero ya estaba determinado a hacer lo que quería. Empecé las clases y de inmediato fui a buscar trabajo. Habré dejado mi currículum en 14 bares, y al día siguiente tenía 3 entrevistas y quedé en una. Estudiaba, iba al bar y después, por la universidad, entré de voluntario a dirigir un equipo femenino de fútbol. Era el titular, el head coach de un equipo adulto, el equipo B, de un regional de la ciudad.

-¿Cómo resultó que las dirigiera un chileno?

-Un desastre. Las jugadoras comían lo que querían. Les daba lo mismo. Eran adultas, algunas de mi edad, otras de 29, yo tenía 25. Entrenábamos 2 veces a la semana y jugábamos el domingo. Era un club muy amateur. Me faltaron el respeto cinco mil veces. Eran muy indisciplinabas, aunque se jugaba en una buena liga, con buenas canchas en buenos estadios. Ellas jugaban porque les gustaba el fútbol, no por tener un proyecto. Me quise retirar mil veces en el año. No tenía auto, me iba en bicicleta, y a veces andaba una y media para llegar a los partidos.

–¿Cómo superas esa etapa?

–Llegó un minuto en que en mi universidad anunció unas conferencias de clubes profesionales, una del entrenador sub 18 de Leicester, otra con el de la sub 15 del Manchester United, y otra con el de la sub 10 del Oxford United, que entonces era de tercera división. Y dije, todos se van a ir a la primera y segunda conferencia, así que yo voy a la que tenga menos gente. Fue estratégico, una oportunidad para que me contrataran. Y tal cual, había como cinco personas. Y el tipo que daba la conferencia comete un error, digo yo, porque publica en la última lámina todas sus redes sociales. Por cualquier cosa me contactan ahí, dice. Y antes de que terminara la reunión, yo ya tenía un párrafo escrito para decirle los motivos porqué me tenía que entrevistar. Le mandé esta plana a todas sus redes sociales. En una la vio y me contactó. Voy a buscar un espacio, pero tienes que venir a Oxford a hacer un entrenamiento con la Sub 10, me dijo.

–Un momento clave.

–Me fui a Oxford nerviosísimo. Estuve planificando esa sesión toda la semana, pero tenía que hacer una hora y media de entrenamiento con un equipo que se acaba de enfrentar con el Leicester City. Salió bien y quedé en el club.

–¿Ahí viene el primer contrato?

–Entro, de nuevo, gratis, pero como interno, como alumno en práctica full time. Tenía que ir todos los días y me hice técnico de la sub 11. Pero en mi categoría le ganamos al Liverpool 5-2 de visita, al Arsenal. Jugamos contra todos los clubes, el Chelsea, el Tottemham. Me suben a la Sub 15 y ya todo era espectacular. Mi carrera como entrenador de un equipo europeo ya había comenzado. Sentía que estaba listo, no vuelvo a trabajar en bares, o a ser personal trainer. Ahí tenía 26 años y salió un pero.…

–¿Un pero?

–Se me acabó la visa y la nueva no me permitía ser coach. Le presenté un proyecto al manager para que me pasara el departamento de video análisis y él lo aceptó. Otra vez, no ganaba mucho, vivía con lo justo, me alcanzaba para la renta, para comer y mis papás me ayudaban. No pasé nada de hambre ni eso, pero viví cuatro años en Inglaterra en una pieza, con gente desconocida, que iba y venía. Me ascienden al año siguiente como analista del club y tenía todo el departamento a mi cargo. Eso coincide con que el Oxford asciende de tercera división a la Championship. Estuve en el estadio de Wembley como parte del equipo, celebrando hasta las 5 de la mañana con los jugadores.

La decisión

–Estás instalado ya en Oxford, pero ¿por qué te vas a Qatar?

–Mi visa se acababa de nuevo, en septiembre. Para quedarme había que poner mucha plata y vi a mi jefe dudar. Estaba en la pretemporada con el club en Escocia, y un amigo del Oxford quaceiton 2ehabía fichado en el Al Arabi como jefe de preparación física, me avisa que necesitan un analista que hable español e inglés. ¿Te vienes?, me dice. En la noche llamé a mi familia, a mi polola y vi que el camino era para Qatar.

–¿Cómo es la paga en Qatar? Existe la fantasía de que es un mercado muy conveniente.

–Pff. Mucho mejor. Acá puedo tener un departamento, un auto sin problemas. Había pelado el ajo mucho tiempo, me restringí y nunca me di un lujo, por tantos años. Y ahora estoy en un período de solidez, a mis 29 años. Durante 10 años lo di todo, y Qatar me permite bajar ese cambio. En un momento mi sueño era tener solo un trabajo. Estaba chato de estar en tres al mismo tiempo.

–¿Cómo es el día a día en Qatar?

–Es una locura. Es la ciudad más moderna en la que he estado en mi vida, el país más desarrollado; 200 veces más que Inglaterra. Es todo perfecto, es país más seguro del mundo, no sele pone llave a la puerta en la casa, a los autos. Tiene mar por toda la costa de Doha. Acá tengo vista al mar y a la gente andando en lancha, motos de agua.

–¿Y la adaptación cultural?

–Son unos genios. Nunca había tenido contacto con la gente vestido de blanco y los muchachos tedan la mano, un abrazo, beso. Como los chilenos, son muy afectuosos. Voy para la cancha y te saludan. Rezan 5 veces al día, algo que los occidentales respetamos totalmente. Piden perdón, dan gracias por la comida. Y son muy respetuosos. No se pueden apuntar con el dedo, no se pueden hacer gestos y te pueden llevar preso por insultar.

El colegio

–¿Tus compañeros del colegio saben de estas aventuras?

–Claro, tenemos un grupo de whatssap. Todos estamos ligados. Mis mejores amigos son todos del colegio. Nunca me cambié, ellos tampoco. Yo les he ido mandando videos paso por paso de mi llegada a Qatar.

–¿Cuánto te sirvió el colegio para todo esto que has hecho?

–Yendo a algo muy importante en esta historia, el inglés. Yo hablo todo el día en inglésdesde hace más de cuatro años. Y en el colegio nunca fui un alumno destacado. Cerré con 5,8, me costaba. Me echaban, me reía todo el día, lo pasé increíble. No hacía travesuras, pero me reía con mis amigos, y me reía en clases y me echaban. Sir Pancho vivía tertuliando conmigo cuando me habían echado. Lo que más ayudó fue el inglés y que era un colegio pequeño y permitía una cercanía que se logra con los profesores, y uno tiene tiempo para conocer a la gente. Y principalmente, porque era un colegio estricto. Yo creo que las reglas, que no nos dejaban usar pelo largo, por ejemplo, algo que ahora ha cambiado, las muchas reglas te ponían en tu lugar como adolescente.