Mensaje de bienvenida de nuestro Principal Mr. Nicolás Paraud B.

Estimada Comunidad TEI:

Con mucha alegría comenzamos un nuevo año escolar, y lo hacemos deseándoles lo mejor a cada estudiante, apoderado/a e integrante de nuestra comunidad educativa.

Tras un 2023 en que, con la incorporación de nuestra Directora de Formación, Mrs. Claudia Melo, consolidamos una nueva estructura organizacional, hoy iniciamos este 2024 con el propósito de dar continuidad al fortalecimiento de nuestros procesos, y de seguir fomentando un clima de respeto, confianza y buen trato, propicio para el aprendizaje.

Mejora Continua

El presente año dará forma al segundo año de implementación del Plan Estratégico para la Convivencia Escolar, tras su irrupción en 2023. Así también estamos en la construcción de nuestro Plan estratégico orientado a la Gestión Pedagógica, que otorgará lineamientos para la innovación y el desarrollo de prácticas en el marco del Liderazgo Institucional y la Gestión Curricular para los próximos 4 años.

Entendemos que el diseño, la implementación, y la evaluación del currículum requiere una planificación a diferentes plazos, que desde una visión compartida con los agentes de influencia de nuestra comunidad (padres, madres, profesores/as, estudiantes, funcionarios), le otorgue sentido al propósito de nuestro colegio.

Participación

Uno de los pilares para el éxito de una comunidad educativa radica en la participación de la familia en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Es por ello, que para este 2024 queremos continuar promoviendo la presencia de padres y madres en actividades deportivas, artísticas, académicas y recreativas, entre otras, favoreciendo la comunicación directa de la familia con docentes y equipos de apoyo.

Precisamente por el valor de su participación, les solicitamos que compartan sus percepciones en torno al Liderazgo Institucional y la Gestión Curricular, mediante el presente formulario.

Un nuevo hito

En este 2024 se cumplen 20 años de la fusión de nuestros colegios The English Institute y Carmen Mc Phee, y lo afrontamos con la responsabilidad de mantener vivo el sello y la esencia que nuestros fundadores Mr. James Mc Phee y Mrs. Carmen Barros, supieron imprimir en cada sala de clases desde los orígenes de sus respectivos colegios.

La preocupación por la persona, el valor y la pasión por la labor docente, y un alto estándar de aprendizaje nos acompañan cotidianamente como legado que hoy nos inspira y moviliza.

Para finalizar, agradezco su confianza y adherencia a nuestro Proyecto Educativo, y extiendo a ustedes el más alto compromiso de nuestro equipo para trabajar por el bienestar, desarrollo y aprendizaje de cada uno/a de nuestros estudiantes.

Cordialmente,

Nicolás Paraud Barrueto

Principal

Cómo se produjo una fusión histórica

“El muro de Berlín”. Peter Mc Phee recuerda con una sonrisa que así le llamaban muchos estudiantes a la pared que separaba a los dos colegios. La frontera entre el Carmen Mc Phee y The English Institute desde 1980 era una construcción que no alcanzaba los dos metros de altura, por lo que no impedía que los alumnos y alumnas se asomaran cada recreo hacia el otro lado, se hicieran amigos y hasta se armara algún pololeo.

Ni un ladrillo de aquella estructura quedaba en pie el primer día de clases de 2004, con un espacio completamente remodelado e integrado para comenzar la fusión entre estas dos instituciones. Tal como se había anunciado el año anterior, el Carmen Mc Phee, fundado en 1947 por Carmen Barros de Mc Phee, se unía al The English Institute, fundado por su marido, James Mc Phee, en 1976.

El peso de tamaña transformación lo trae a la memoria el hijo del matrimonio, Peter Mc Phee, quien era el director del TEI. A 20 años de aquel hito, se asoma al pasado y revive las enormes complejidades del proceso.

“Por largo tiempo yo era subdirector de los dos colegios. Tenía oficina allá y acá. Eran realidades un poco distintas. El Carmen tenía inglés intensivo y el English era bilingüe. El Carmen era más chico y sus características eran el reflejo de cómo eran sus directores. Eran dos colegios de un matrimonio, pero mi madre era de mucha emotividad, era sentimental, de mucho acoger, sobre todo a niños con necesidades especiales. Y el English era tradicional, enfocado en el inglés, también con valores sólidos”, explica.

-¿Por qué nace la fusión entonces?

-Resulta que el año 97, mi padre fallece, y asumo la dirección del English. Así funcionamos hasta el año 2002, cuando entonces fallece mi madre. Y el 2003, administrábamos los dos colegios con mi hermano James, que era gerente, y nos encontramos con esta realidad: dos colegios paralelos, con administraciones distintas, con funcionarios distintos. Era hacer todo doble. Y los dos colegios tenían un grave problema en común, que era el espacio. Estábamos muy restringidos y la demanda por entrar al colegio crecía. Llegamos al 2003 y con mi hermano nos sentamos durante muchas horas para ver qué hacíamos. Y después de muchas vueltas, decidimos fusionarnos.

-¿Cómo se llega a la idea?

-Teníamos pocas alternativas. Una era seguir diferenciando aún más a los dos colegios, aunque siempre teníamos el problema del espacio. Veíamos que los dos se necesitaban mutuamente, que entre los dos se podía construir algo más grande como proyecto educativo, con mirada a largo plazo, y que se pudieran potenciar las dos herramientas fundamentales que tenían, la parte valórica y el inglés. Tomar la decisión no fue nada fácil, porque era cerrar un colegio en pos del otro. Ahora, ¿cuál cerramos? ¿Con qué nombre nos quedamos? Una es la parte de la gestión, pero era muy fuerte para mi hermano y para mí la parte emocional. Cerrar un colegio significaba, de alguna manera, borrar la obra de uno de los dos. Y mis dos padres habían luchado durante años, partiendo con colegios muy chicos. Era borrar ese esfuerzo, esa historia.

-¿Cómo se alcanza la decisión entonces? ¿Por el colegio más grande?

-El English tenía más alumnos y era un poco más grande, pero no tanto. El Carmen tenía 600 alumnos y el English 800. No era un criterio a considerar. Nos hicimos asesorar por instituciones externas en la parte del márketing para ver cuál era el más conocido. El Carmen era más antiguo, pero siempre se había circunscrito a un determinado nicho. Nos decían que había que mantener Carmen Mc Phee, porque era un nombre que tenía más sentido. El English tenía un nombre más genérico, pero, por otra parte, era un colegio que se había proyectado un poco más hacia afuera. Al final decidimos el English debido a que este colegio era más conocido.

-¿Cómo lo llevaron adelante?

-Esto se decide cerca de julio, y había que empezar a trabajar para el año siguiente. Había, sobretodo que socializar el cambio. Porque no es lo mismo fusionar dos instituciones del rubro comercio, por ejemplo, donde el cliente compra un par de zapatos y se va. Aquí, el colegio tiene un compromiso adquirido con el apoderado y viceversa. Hay proyectos de familias que llevaban 10 ó 15 años formando parte de la comunidad, especialmente en el Carmen, donde había distintas generaciones familiares.

La socialización

-¿Cuáles fueron los primeros pasos?

-Llegamos a septiembre de 2003 con la decisión tomada y había que socializarla. Comenzamos haciendo reuniones primero con los profesores del Carmen Mc Phee. Citamos a una reunión extraordinaria y lo anunciamos. En las caras vimos el impacto que produjo la decisión. Después de las vacaciones de septiembre empezamos con los alumnos, y, en paralelo, con los apoderados. Entonces yo hacía cuatro reuniones diarias en la mañana con grupos de alumnos por nivel. Hicimos una proyección para mostrar que, con el nuevo espacio, íbamos a poder tener esa cancha de fútbol de pasto sintético, tan anhelada. Unos se convencían, otros no mucho. Y en las tardes hacía estas reuniones con los papás; esto fue durante 9 días.

-¿Cómo se sentía antes de cada reunión?

– Buena pregunta, el otro día se lo decía a alguien: si tuviera que hacerlo de nuevo, no sé si sería capaz. Porque eran sentimientos encontrados, fuertísimos. Pero mi padre y mi madre me educaron siempre pensando y velando por el bien de los colegios por sobre nosotros. Entonces, lo que sintiera ya pasaba a segundo plano. Lo importante eran los colegios.

-¿Las reuniones con los apoderados fueron más complejas?

-Afortunadamente las reuniones en general fueron bastante buenas. De hecho, terminamos casi todas con aplausos, aunque había voces que no estaban de acuerdo. Íbamos por niveles. A los papás de los estudiantes mayores no les afectaba tanto como a los de niños menores, a los que les quedaban varios años por delante, y eran los que más presentaban dudas e inquietudes. Yo mostré una encuesta que habíamos hecho hacía poco sobre satisfacción de los apoderados con respecto del colegio. La principal crítica era que no se podían realizar muchas actividades por problemas de espacio. Entonces los mismos apoderados nos estaban diciendo que aquello era un factor limitante. Y esta fusión apuntaba justamente a brindar una solución en ese sentido.

-¿Qué decían los del TEI?

-Los alumnos grandes estaban felices porque iban a tener nuevos amigos. No iba a existir el muro, que les molestaba para comunicarse con sus vecinos. Hablaban por arriba del muro, y hasta pololeaban por arriba. Los más chicos no entendían tanto el tema. Se entusiasmaban por las canchas. Incluso pasó una anécdota, porque una vez a los chiquititos le hicimos una presentación de cómo iba a ser el colegio y la persona que dibujó los espacios se le ocurrió poner al lado de la cancha unas palmeras. Y al año siguiente, había niños que me reclamaban las palmeras.

-¿Qué pasó con la división de cursos?

-En el Carmen había dos cursos por nivel y en el English tres. Seleccionamos a los niños con mejor inglés del Carmen, y, previa consulta, si ellos querían, se podían integrar a los cursos del English. Así se formaban tres cursos del English y uno del Carmen. Era optativo. La mayoría optó por el cambio. Nos quedamos con cuatro cursos por nivel. Después vino el tema más doméstico: ¿Qué uniforme, qué buzo, qué himno? Los primeros años acordamos que los alumnos del Carmen Mc Phee continuaran usando su uniforme, como una forma de respeto hacia sus sentimientos. Cuando uno entraba al nuevo English, se encontraba con ambas instituciones en un solo espacio. Más aún, en los actos cívicos y graduaciones, se cantaban ambos himnos. En los años posteriores se realizó un concurso dentro del alumnado para diseñar el nuevo buzo deportivo y, a la vez, se creó un nuevo himno oficial del nuevo colegio.

El primer día

-¿Se acuerda del primer día de clases, cómo lo afrontó?

-Perfecto. Yo no dormí nada la noche anterior, conocía a los alumnos de los dos colegios y los esperaba en la puerta. A los del Carmen, que llegaban un poco temerosos, los recibía y hacía que los acompañaran a su nueva sala.

-¿Recuerda lo que dijo en ese discurso de inicio?

-Por supuesto. Lo preparé midiendo cada palabra, ya que era un momento clave para el nuevo proceso que iniciábamos. No quería herir los sentimientos de nadie. No hablé de la historia del proceso sino que estuvo enfocado a la integración y de cómo caminaríamos juntos de aquí en adelante. Hablamos sobre el horizonte. Somos uno, vamos a trabajar juntos, vamos a ser amigos, nos vamos a unir. Al pasar los años resultaba difícil distinguir de qué colegio provenía cada alumno, y ya podíamos hablar de una sola Comunidad Educativa. Así, en el año 2017, egresaba la última generación que había ingresado a pre kínder del Carmen Mc Phee. Una anécdota entre medio. Habíamos hecho los anuncios, pero en octubre del año 2003 habíamos matriculado en el Carmen Mc Phee a un grupo de alumnos que ingresaría el año 2004. Y ellos no habían sido informados sobre el cambio e iban a llegar a ese colegio. Rápidamente organizamos una reunión para informarles y ahí surgieron muchos problemas, porque era gente que no nos conocía. Nos decían: “Qué seriedad hay en este colegio”. “Yo vine al Carmen y ahora me están cambiando el colegio”. Eran pocos pero muy intensos, lo que era comprensible.

-Cómo cree que su madre y su padre habrían evaluado lo que pasó? No fueron testigos ni se imaginaron que esto podría pasar.

–Para mi madre habría sido muy difícil este proceso, porque era abandonar un proyecto que había construido durante mucho tiempo y con mucho esfuerzo y perseverancia. Sin embargo, ella era una persona muy pragmática y siempre, como dije anteriormente, ponía el bien de su colegio y su futuro por encima de todo. En todo caso nunca se le planteó esta idea.

-¿Y su padre?

-Para mi padre también habría sido muy difícil y doloroso el final del Colegio Carmen Mc Phee, ya que él participó activamente en su formación y desarrollo, trabajando en conjunto con mi madre. A pesar de ello, y respondiendo a una mirada de futuro y proyección en el tiempo, lo habría realizado.

La idea de ambos era siempre estar realizando mejoras en todo ámbito, ya que decían que la educación, al ser dinámica, debe ir innovando y actualizando los procesos y el colegio debe procurar que sus estudiantes cuenten con la mayor cantidad de herramientas posibles para llegar a ser una persona integralmente desarrollada. La fusión era una manera de proporcionar a la comunidad mejores condiciones físicas para lograr ese desarrollo.

La magia del Open Day

Acompañados por sus padres, niños y niñas de Play group a primero básico vivieron un día especial antes de entrar a clases. Para dar a conocer bien las salas, los patios y todos los espacios que los aguardan, el colegio realizó la segunda versión del Open Day.

“La idea es que sea una oportunidad para que los estudiantes puedan trabajar las diferentes emociones que provoca el primer día. En un ambiente más contenido, hacemos que los niños y niñas puedan botar la ansiedad y los nervios”, cuenta Míster Nicolás Ayub, jefe de ciclo de primero y segundo básico.

“Junto a sus papás y mamás, los alumnos y alumnas conocen a sus misses, las salas, y los espacios que los esperan. El Open Day ha sido muy bien recibido, porque es una experiencia acogedora”, finaliza.

Construyendo para la inclusión

Un flamante ascensor que recorre los tres pisos del edificio que alberga a los cursos de séptimo básico a tercero medio del colegio es parte del sentido de inclusión con el que se inició el nuevo año escolar. Un patio sensorial y un Aula de recursos completan la infraestructura con la que el TEI busca acoger a todos los estudiantes.

Fue durante el año pasado cuando se generó una comisión para hacer un análisis de los espacios del colegio y ver cómo hacerlos más inclusivos para los niños y niñas que tienen distintas necesidades y distintas características.

El resultado está a la vista y responde tanto a lo que solicita la legislación vigente como a un sentido más profundo, como lo explica Paula Fritis, que cumple su segundo año como coordinadora de Inclusión.

“Estamos atendiendo los cambios legales que plantean que todos los niños y niñas, sea cual sea su condición, deben ser atendidos por el sistema escolar. Pero también hay que destacar un cambio de paradigma a nivel social que tiene que ver con la inclusión, que nos llama a darnos cuenta, a estar conscientes de que somos todos distintos, que hay ciertas condiciones subjetivas que se mantienen durante el ciclo vital, y que todos tenemos derecho a pertenecer, a estar, a estudiar. Ese contexto da pie para que el colegio atienda esta diversidad, aportando recursos humanos, materiales más potentes y fortaleciendo aún más sus equipos”.

Nuevo_Ascensor.jpgEl ascensor es el segundo en el colegio, si se considera el que funciona en el edificioPeter Mc Phee. Ahora, en el edificio que da hacia la calle Lyon, se instaló uno que cuenta con más tráfico, y que permitirá dar accesibilidad a personas que se encuentren con menor movilidad.

El patio sensorial está en pleno proceso, y se trata de un espacio entre el edificio Peter Mc Phee y la calle Bustos.

“En el caso de los patios sensoriales la idea es que los niños tengan ciertos materialesque les permitan tener un tipo y una cantidad de estimulación. Una idea es implementar paneles sensoriales, por ejemplo, que ofrecen una variada calidad de estimulación, respondiendo a distintos perfiles de niños y niñas. También hay elementos de la naturaleza, tierra, vegetación, lo que les permite estar más conectados con el entorno, de forma orgánica, logrando estados de mayor tranquilidad, lo que facilita la adaptación”, detalla Miss Paula.

Mientras, se han hecho intervenciones en el patio de Early Years, específicamente en Play Group, que está en proceso de enriquecimiento, con el fin de ofrecer mayor desafío y estimulación, incluyendo mesas de agua y arena.

A eso se suma el Aula de Recursos, habilitada en el edificio de primero a cuarto básico.

“Va a tener, por un lado, un espacio de calma para quienes necesiten más tranquilidad, con menos estímulos visuales y auditivos. Y por otra parte, habrá una zona con un objetivo pedagógico que permitirá experiencias de aprendizaje con materiales específicos, más concretos, tridimensionales, por ejemplo.

En suma, se trata de cambiar el paradigma y entender que cada ser humano tiene su subjetividad, su particularidad, y que es tan importante que aprendamos a vivir juntos. El objetivo es que el colegio continúe acogiendo y abordando la diversidad que somos. Estamos en ese camino”, concluye Miss Paula.

 

Construyendo para la inclusión de cristobaldonoso

Admisión a prekínder 2025: vacantes y publicación de resultados

El formulario de inscripción para participar del proceso de admisión a prekínder 2025 se encuentra cerrado.

Una vez concluidas todas las etapas de este proceso, el 26 de abril publicaremos en este mismo medio, el listado de las familias que podrán matrícular.

asimismo, les informamos que contamos con 50 vacantes disponibles para familias nuevas para prekínder 2025.

Para conocer todos los detalles del proceso de admisión a prekínder 2025 ingresa aquí.

Finalizó el Proceso de Admisión a prekínder 2025

Informamos que el proceso de admisión a Prekínder 2025 se encuentra cerrado. Agradecemos a quienes manifestaron su interés en sumarse a nuestra institución y le damos la bienvenida a las 50 familias que ingresan el próximo año al TEI.A través de este sitio, estaremos informando de futuros procesos de admisión.

La poderosa experiencia Python

Instaladas con propiedad en el amplio espacio de Sparklab, Randi Williams y Sarah Stoops abrieron el 2024 con una actividad inédita para The English Institute. Durante dos semanas de enero, las profesoras del Massachusetts Institute of Technology (MIT), lideraron el primer Summer Camp de programación del colegio, que tuvo como foco principal el aprendizaje de Python, el más usado lenguaje de programación.

Las instalaciones, las herramientas disponibles, y especialmente la respuesta de un grupo de 13 alumnos y alumnas que se inscribieron, permitió un sólido avance en un taller de tecnología que, además, se dictó en un fluido inglés.

“El manejo del idioma no fue una complicación para los estudiantes. De hecho, las profesoras me hicieron saber que nuestros estudiantes manejan mejor el inglés que en otros países donde se han impartido estos cursos. Por lo mismo aprendieron muy rápido la parte técnica de la programación”, explica Mr. Benjamín González, quien estuvo a cargo de organizar este evento.

Python permitió a los estudiantes realizar sus propios proyectos en la sala. Alumnos y alumnas de octavo a cuarto medio tuvieron clases teóricas y prácticas durante dos semanas, aprovechando la infraestructura y el avanzado conocimiento de las profesoras.

Randi Williams, estudiante de doctorado, que se especializa en robótica y educación, explicó cómo pudieron conducir el encuentro con los y las jóvenes que asistieron.

“Al comienzo les preguntamos algunas cosas sobre programación en las cuales estuvieran interesados, o sobre qué carreras quieren estudiar en el futuro, y compartieron cosas como: “Oh, yo quiero ser un ingeniero en informática porque un familiar es ingeniero en informática”. O también alguien que decía: “Me siento inspirada por una tecnóloga famosa como Ada Lovelace, y quiero seguir sus pasos”. Entonces creo que aprender sobre programación es realmente aprender cómo convertirse en un líder y en una persona creativa. Creo que es parte de lo que los estudiantes aprenden en conjunto con la programación”.

Por eso, para Williams, el resultado de la experiencia fue excepcional.

“Ha sido muy divertido. Los estudiantes son realmente brillantes y se han emocionado. Se sentía como que cada día les enseñamos algo pequeño y luego se inspiran con sus propias ideas y lo llevan como 20 millas más allá de lo que estábamos enseñando. Estoy realmente emocionada por eso, porque son apasionados y espero que sus proyectos también sean realmente emocionantes”, dijo.

Sarah Stoops, estudiante de pregrado, que se enfoca en ingeniería en mecánica y ciencias comunicacionales, también se despidió con elogiosos comentarios.

“Es increíble ver cómo les gusta aprender una pequeña cosa y luego la toman para embarcarse en su propia pequeña aventura. Y ha sido genial poder utilizar los recursos aquí en el laboratorio para implementar algunas aplicaciones del mundo real”.

Una nueva forma de pensar

Mr. Benjamín contó que en el taller se pudieron usar las herramientas de robótica que tiene el colegio, entre ellos, los juegos de Lego Spike. El trabajo en sala incluso permitió el uso de inteligencia artificial en la creación de códigos.

“Aparte de ganar el apoyo curricular que significa conocer el sistema de programación, los estudiantes aprendieron un nuevo idioma, un nuevo lenguaje, una nueva forma de pensar, porque aquí se fortalece el pensamiento lógico, el pensamiento secuencial. Eso significa también una nueva forma de solucionar problemas”, profundizó el docente.

La participación en el taller fue muy energética, como lo recuerda Mr. Benjamín. La motivación permitió experimentar y ver las habilidades que pueden desarrollarse también en el mundo profesional.

“Las profesoras se declararon sorprendidas por el nivel. Señalaban que había estudiantes que desarrollaban programación por su cuenta, y otros que no. Pero aún con esas diferencias, todos y todas tenían una forma de pensar que les permitía llevar la elaboración del código a otra escala. Porque la creación de juegos simples y complejos, el obtener un número aleatorio mediante un comando, diseñar una calculadora, o incluso un juego de ajedrez puede generarse a través de código. En este taller los estudiantes pusieron en práctica sus habilidades en la resolución de problemas y pensamiento lógico”.

Los detalles de un fascinante viaje a Inglaterra

Desde el año 2009, The English Institute ha patrocinado un viaje a Reino Unido como una experiencia en la que sus estudiantes perfeccionan el inglés. La actividad se ha desarrollado en las ciudades de Canterbury, Cambridge, Londres y Bournemouth, y en su diseño contempla la participación de alumnos y alumnas de entre 14 y 17 años.

Como era esperable, desde el año 2019 no se ha podido retomar este viaje. En 2023, ya superada en parte la inestabilidad que provocó la pandemia, el colegio ha decidido recuperar esta importante tradición que enriquece tanto las habilidades en el idioma inglés como el desarrollo personal y social de nuestros estudiantes, como lo explica Claudia Melo, directora de Formación, y quien está a cargo desde la primera gira.

“Hemos constatado en terreno las profesoras que hemos acompañados a los diferentes grupos a lo largo del tiempo, cómo se van asombrando, tanto con el entorno turístico de los lugares que visitan, como también con la cultura británica y, principalmente, con su propia habilidad para desenvolverse, haciendo uso del idioma que han aprendido durante su paso por el TEI. Nuestros grupos han sido siempre destacados en la escuela a la que asisten, dejando sorprendidos a los profesores y anfitriones por sus capacidades de comunicación en el idioma inglés”, dice Miss Claudia.

Con mucho entusiasmo, el colegio está convocando para “UK2024”. “Ya hemos tenido la primera reunión en diciembre con un grupo de padres y la agencia encargada de desarrollar el programa. Prontamente tendremos una nueva instancia para conocer más detalles de este viaje, que esta vez se abrió a los de cuarto medio que no habían tenido la oportunidad de asistir en los últimos años”, agrega.

-¿Cómo funciona la gira?

-El viaje dura tres semanas. La mitad de las horas son clases de inglés y el resto es de actividades turísticas y recreativas. El alojamiento es en casas de familias locales. Son personas acreditadas para recibir a los estudiantes. Estos se van en duplas a una casa designada y eso implica que todos los días tienen que trasladarse en forma autónoma a la escuela. Los anfitriones los orientan respecto del transporte público para moverse en la ciudad, y les indican las reglas propias de la casa. La escuela a la que asisten es Stafford House, especialmente con foco en estudiantes extranjeros, por lo que los profesores son ingleses

-¿Por qué han cambiado de ciudades?

-Las primeras veces fuimos a Canterbury, una clásica ciudad cerca de la costa, donde está el puerto para cruzar hacia Francia, Dover. También tuvimos como destino la ciudad de Cambridge y Londres como estadía completa. En los últimos viajes optamos por mantener Cambridge como el destino mejor evaluado, por la autonomía que permite a nuestros estudiantes, dado lo amigable y segura que es esta ciudad universitaria Sin embargo Londres siempre se ha mantenido dentro de las prioridades para realizar visitas por el día o por un fin de semana, así nuestros y nuestras jóvenes pueden recorrer esos lugares icónicos que han estudiado en sus textos de clases, ahora transformados en una experiencia real inolvidable. Por supuesto que también visitar sus museos y disfrutar de alguna obra en sus monumentales teatros está dentro de las actividades favoritas.

-Usted acompañó a la segunda generación, en 2010. ¿Cómo recuerda su ese primer viaje?

-Fue interesante y fue exigente. Fui como única profesora del colegio a cargo, durante las tres semanas. Se realizó en Canterbury. Eran 10 o 12 niños. No hubo problemas. Nuestros jóvenes se han caracterizado en estos viajes al Reino Unido por tener un comportamiento ejemplar, lo cual hace posible su continuidad con el patrocinio del colegio. Sin duda fue una experiencia de mucho aprendizaje tanto para los y las jóvenes como para nosotros como colegio. Un aspecto de esta experiencia muy gratificante es que se desarrolla un vínculo cercano con cada uno y una de los estudiantes y se da mucha colaboración entre todos. Siempre hay uno que ha viajado más y ayuda en los aeropuertos. Y siempre hay niños con menos experiencia, con menos madurez, a los que se les queda una maleta, que se quedan dormidos. Así se van complementando las experiencias junto con los y las profesores/as a cargo.

-¿Y qué pasa en esta nueva gira?

-Ahora el grupo va a Cambridge. La inscripción está abierta para 30 personas. Se trata de una escuela de idiomas probada y con mucha experiencia. Las clases son en grupo de no más de 15 estudiantes. Y en general deben interactuar con estudiantes de otras nacionalidades. Tienen mucha conversación y también trabajos prácticos, desarrollo de proyectos, tanto dentro de la escuela como saliendo a otros espacios de la ciudad. La escuela organiza tardes de deportes, en unos parques maravillosos, que invitan a conocer más de la cultura, ya que congregan a la personas que viven en el sector. En verdad es una experiencia inolvidable.

Gracias a los delegados

Una vez al mes, más de 50 personas se reúnen con la dirección del colegio para escuchar y ser escuchados. Son los delegados de curso, quienes se han transformado en agentes de alta importancia para el funcionamiento de la comunidad. Pueden ser uno o más por curso, se organizan para trabajar en horarios diversos y están a cargo de informar todo lo que sea necesario de manera directa a los apoderados.

¿Cómo es la experiencia de estos papás y mamás? Dos de ellos cuentan su historia.

Delegados CCristián Flores: “Se necesita empatía”

La lógica indica que la principal motivación de Cristián Flores para convertirse en delegado de curso fue Isidora, su hija mayor, pero bastaría ampliar el mapa para ver cuánto influyó también Norma Leiva en esta decisión. La madre del representante de tercero medio lo marcó con su compromiso cuando él mismo entró como alumno al Instituto Nacional e iluminó luego el camino el día en que le tocó vivir su primera reunión de apoderados en prekínder, en 2010.

“Por supuesto que en esas primeras reuniones existe esa pregunta de quién quiere ser delegado. Como casi nadie levantaba la mano, me ofrecí yo, y esa participación tuvo que ver con el ejemplo de compromiso que siempre me dieron mis padres, especialmente mi mamá, que incluso llegó a ser secretaria del Centro de Padres”, recuerda.

-¿Cómo siguió esta historia?

-Tengo dos niños y solamente he sido delegado en el curso de Isidora, mi hija mayor, que ahora pasó a cuarto medio. Cómo no la voy a acompañar hasta el final, sobre todo ahora que estamos preparando la fiesta de fin de año. Desde ese prekínder se formó un buen grupo de delegados. Estuve ausente algunos años, pero cuando volví se había formado un grupo muy positivo, que fue el organizó la fiesta de graduación de octavo básico. El año pasado, además, logramos que se hiciera el viaje de estudios, el cual incluyó a todos los niveles de tercero. El grupo de delegados tiene excelentes personas, muy preocupados, una maravilla.

-El viaje de tercero medio fue un hito después de la suspensión que determinó la pandemia.

-Claro. Los muchachos y muchachas fueron a Camboriú. Todos querían un viaje al extranjero y logramos que fueran todos los cursos del nivel. Hicimos una campaña para crear un fondo solidario y ayudar así a financiar el viaje a varias familias. Fue entre el 9 y el 16 de diciembre, cerca de 91 estudiantes y 10 apoderados a cargo. La experiencia resultó muy enriquecedora porque hay cursos que se unieron, el A con el B, con el C, con el D y el E. Los muchachos mostraron que están más maduros y tomaron el viaje con responsabilidad.

-¿Qué consejo les daría a los que entran al colegio y quisieran ser delegados?

-Esta labor requiere compromiso, bastante empatía. Eso es muy importante, porque es muy frecuente que en la comunidad a uno le toque escuchar una postura un poquito personal, con una visión de corto plazo. Diría que es imprescindible que exista esa empatía para dialogar, para generar un ambiente de confianza, de equilibrio. Siempre va a existir agradecimiento, o felicitación, eso es parte de esta actividad, pero no se puede negar que todas las personas nos equivocamos, y es bueno tener altura de mira. En la medida que una persona pueda escuchar, comprender, y también que pueda aceptar las críticas, tiene una buena posibilidad de éxito. En mi caso personal, también debo decir que el apoyo familiar es muy importante. Con mi esposa Constanza llevamos años casados, con 8 años de pololeo, somos muy amigos y hemos logrado hacer una linda familia. Y para eso, ella es fundamental.

Delegado mMarianne Becker: “No es un trabajo que se haga solo”

Había asumido recién como delegada cuando una responsabilidad enorme le cayó encima. Marianne Becker recuerda la vez que les dijeron que los delegados del prekínder iban a estar encargados de armar las fiestas patrias del colegio, y aunque no conocía a nadie muy bien, el empujón resultó fundamental.

“Llevábamos unos meses en el colegio como apoderados, cuando vino la fiesta de la chilenidad. Carolina Bravo, que es la encargada de los eventos en el colegio, nos convocó a todos los delegados y nos dijo: esta fiesta la vamos a organizar los del prekínder. Nos miramos entre todos, un poco nerviosos, pero fue la mejor decisión, porque nos permitió conocernos con los papás de los otros cursos, integrarnos, ver quiénes eran más participativos, y así, en medio de un gran desafío, fuimos aprendiendo de los otros”.

Mamá de Clemente y de Ema, Marianne llegó en 2013 al colegio y se convirtió sin dudarlo en delegada del curso del primero, quien hoy ya está en segundo medio.

“En primera instancia, me pareció una buena forma de conocer más sobre el colegio. Cuando nos integramos no lo conocíamos. Y poder conectar con los profesores, las autoridades y los apoderados, nos iba a servir a mi esposo y a mí a saber en qué entorno se desarrollaba nuestro hijo. Hasta la fecha ha sido un trabajo bastante enriquecedor y por eso he seguido. Y he seguido también porque no es un trabajo que todos quieran hacer”, explica.

-Con franqueza, ¿le ha resultado agobiante?

-Para empezar, no es un trabajo que hago sola. Es un grupo. Todos los años ponemos el cargo a disposición y nos dicen sigan ustedes. Pero una comparte la responsabilidad con los apoderados. En el último año llegamos a ser 5 apoderados. Hay una mamá tesorera, hay otro delegado que cuando los niños salieron de octavo, organizó toda la fiesta, arrendando el local, coordinando todo. Hay momentos en que no se nos demanda nada y otras veces es más, como fin de año. Es tan importante por eso tomar este cargo con distintas personas.

–El colegio realiza una reunión mensual con los delegados. ¿Cuánto ha servido?

-Ha sido muy positivo contar con ellas, porque, además, el colegio anuncia de lo que se va a tratar, se categoriza por temas y eso permite que uno pueda comunicar al resto del curso y ver qué preguntas se podrían hacer. Y si el delegado no puede ir, puede que vaya otro apoderado, lo que da oportunidad de participar. No sé si se da en otros colegios, tratando temáticas de manera abierta, generando conversaciones para lograr acuerdos. Se valora el trabajo del colegio para tener un diálogo permanente con los apoderados. Imagino que es un desafío para el colegio, por la diversidad de apoderados. Pero es valioso que si uno necesita conversar con alguien puede hacerlo. Es curioso, porque cuando me preguntan por el colegio parto diciendo que es un colegio, chico, pero no, son cinco cursos por nivel. Pero hay una sensación de que es más chico porque es un colegio todavía con un sello familiar. Y ese ambiente es muy grato.