Nicolás Campos: “Siempre quise Ingeniería Civil”

La final más importante de su vida hasta ese momento la había jugado cuando estaba en octavo básico. Tal vez por eso, Nicolás Campos no llegó a ponerse excesivamente nervioso el día en que le tocó rendir la PAES de matemáticas.

El rendimiento fue óptimo, con 925 puntos, aunque a ocho meses de aquel desafío, ya convertido en alumno de primer año de Ingeniería Civil en la Universidad Adolfo Ibáñez, reconoce que no estaba tan satisfecho.

“Es que justo en el último ensayo había sacado los mil puntos. En la prueba verdadera debo haber tenido dos errores, calculo”, confiesa quien fuera elegido el mejor alumno de matemáticas de los cuartos medios en 2022.

El vuelo de aquella preparación le sirvió largamente ahora que terminó el primer semestre de la Universidad.

“Me eximí de Cálculo, que es un ramo bien difícil, gracias a lo que aprendí en el colegio. Bueno, me eximí de cuatro de los cinco ramos que tuve”, reconoce con una sonrisa plena.

–¿Cómo llegaste a la Adolfo Ibáñez?

–Pensaba en entrar a la Católica, y como no quedé, prefería la Adolfo antes que la Chile. Para mí es un ambiente conocido, porque mi hermano mayor estudia ahí, y pensé que, si a él le gustaba, a mí también me iba a gustar. Además, en medio de las postulaciones me llamó la Adolfo y me ofreció el 50 % de beca.

–¿Muy duro el cambio?

–Se nota bastante, no solo por las evaluaciones. Somos 50 alumnos por curso, hay hartas secciones, pero en total somos más de 500 los que entramos. Igual acá hay hartos compañeros del TEI, hartos conocidos. En mi sección me encontré con alguien que, si bien no era tan cercano, el Pipe Álvarez, ya se convirtió en uno de mis mejores amigos en la U.

–¿Cómo crees que te preparó el colegio para este momento?

–Los profesores me prepararon súper bien. Mi profe de matemáticas, Patricio Bisieres, siempre me apoyó. Incluso me llamó por teléfono apenas salieron los resultados para ver cómo me había ido. Es que en el colegio hay hartos profesores que fueron importantes. Pienso incluso en Nicolás Paraud, quien fue el que me graduó. Fue mi profesor cuando chico y después lo vi convertirse en director. Los dos somos colocolinos, así que a veces se acercaba con cara de serio y empezábamos a hablar del Colo.

–¿Puedes rescatar el mejor momento en el colegio?

–Yo lo pasé increíble en el colegio. Tuve muchos amigos siempre. Pero recuerdo el torneo de fútbol que organiza Católica. El colegio ha sido cuatro veces campeón de ese campeonato escolar, una vez con la generación en la que jugaba Paraud, otra generación en la que jugaba mi hermano, y dos veces en la generación en la que jugaba yo, en séptimo y en octavo básico. Y si elijo, recuerdo más la segunda, cuando jugaba de volante, porque a ese equipo, que tenía menos figuras que el de séptimo, le tenían poca fe. Pero fuimos avanzando y terminamos jugando la final con el colegio Los Maitenes, en San Carlos de Apoquindo. Lo viví con todo, con nervios, ganas. Fue hermoso, inolvidable.